Ayer, me di un baño por la noche y el agua caliente me hizo recordar los días que por la premura de la mañana, el agua fría sabe a una "mentada de madre". Ayer, cené y apesar de que no fue la mejor cena, recordé que todo puede saber rico cuando tienes hambre. Ayer, a punto de dormir, sentí frío y no pasó nada, me di cuenta que otra cobija más bastó para que me lo quitará. Antes de dormir, di las buenas noches y quedé dormido, no sin antes agradecer tener quien me deseara lo mismo y acordarme de esos días que estando lejos no tuve la misma fortuna.
Ayer me volví hacer la misma pregunta, que aseguro, todos nos hemos hecho de manera remota alguna vez. ¿Cuándo será el último día de mi vida? Y si fuera hoy, estaría bien, no pasaría nada. Seguro estoy que no pasaría mucho, los planes personales quedarían pendientes de una posible reencarnación o una posible resignación. Apuesto por lo segundo. Las preocupaciones dejarían de serlo y no esoty seguro de querer dejar de tener preocupaciones. Si hoy fuera mi último día, seguro habrá valido la pena, bueno, eso depende de que ayer hayas acabado contento no importando que haya sido un día más.
La vida es de quien le agarra el gusto, no de quien viva más.
Poppenhauer.
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