Por ahí dicen que una de las condicionantes incondicionales de un rockstar es morir joven. Yo difiero, será porque los tiempos han cambiado, porque yo he cambiado y porque me niego a creer que lo bueno se acabe; y me niego por una simple y sencilla razón, cada vez hay menos rockstars que valgan la pena, y un mundo sin rockstars sería un mundo más jodido de lo que ya está.
La vida te puede patear el trasero, puedes batallar con el día a día y su rutina, puedes intentar ser mejor ser humano, mejorar el mundo desde lo que te toca hacer, por pequeño que sea tu quehacer. Puedes enamorarte, desenamorarte, explotar, llorar, insultar, desvelarte, palearte, faltarle al respeto al protocolo, dejar de ver a la gente que quieres, nunca más volver a donde te hicieron daño o pasaste los mejores momentos de tu vida; puedes llenarte los bolsillos de sueños y no cumplirlos, por lo menos no todos, puedes hacer una llamada por teléfono, dejar un mensaje debajo de una puerta, decir que no quieres volver a ver a alguien, puedes romperte la madre, incluso solo. Puedes abandonar, ser abandonado, fallarle a quien dijiste nunca lo harías, puedes romper una promesa, enmendarla o remendarla. Y al final, pensar que cada cosa hecha está hecha de minutos, de tiempo, tiempo que sin darte cuenta te hizo vivir o sobrevivir, y aunque no le demos el peso justo, durante todo este trayecto que hasta ahora llevas, hay canciones, música, artistas, rockstars que te hicieron más ameno el viaje. Imagínate todo lo que te acabo de enunciar, pero sin música. No, mejor no imaginarlo, que se quede como está, que las cosas no se acaben, que el tiempo que tardaste por definir tu gusto y afinar tu olfato sigan intactos, hasta que la vida se olvide de ti y acabe por robarse a quien te alegró la vida por todo este tiempo, incluso, aunque ellos ni enterados estén.
Los rockstars algún día mueren, y ese día, es el que te recuerda que tú debes empezar hacer lo propio, de a poquito.
Hoy, un 11 de agosto nacieron dos de los más grandes escritores que hacen música, dos iconos del rock latino, Enrique Ortíz de Landázuri Izardui, conocido como Enrique Bunbury y Gustavo Adrián Cerati. Hoy, es una fecha importante. El primero, en la cúspide por no sé cuánto más tiempo, el segundo en el ocaso de su vida, justo cuando muchos teníamos la sensación de que su mejor disco siempre era el que estaba por venir, por más cliché que suene siempre.
A los rockstars, la vida les debería poner por contrato una cláusula en negritas y con mayúsculas que diga: “No puedes morirte sin dejar las suficientes canciones para todos aquellos que van a tener que seguir viviendo involuntariamente después de todo”.
1 comentario:
Gracias por seguir escribiendo y compartirlo, está genial.
Publicar un comentario